Nostalgia

¿Alguna vez te has preguntado a qué huele la nostalgia?

Huele a hogar. A la casa de tu abuela cuando ibas a verla los domingos y, antes de llegar a la puerta, ya podías adivinar qué plato llevaba preparando toda la mañana. Llegabas y lo primero que hacías era soltar todas tus cosas porque enseguida venía a darte un achuchón. Y no uno cualquiera, era de esos que te dejan casi sin aire y quedas algo aturdido después.

También huele a la casa del pueblo donde incontables días pasaste verano tras verano. Cuando eras más pequeño te escondías entre los matorrales para que no te encontraran tus amigos mientras jugabais. Luego te hiciste mayor y de quien te escondías era de tus padres porque querías estar a solas con esa persona que hacía que te estremecieras sólo con oír su nombre. La misma que con sólo mirarla empezabas a sonreír sin saber cómo disimularlo. Esa a la que querías regalarle el primer beso que tenías enredado en los labios.

Y hablando de besos, a eso es a lo que sabe. Pero no a cualquiera. Sabe a beso amargo. Ese que sabes que es el último aunque no te lo haya dicho nadie. Ese beso que no te quita el aire con ilusión sino con mentiras. La mentira de que todo va ir bien. La mentira de que habrá más. La mentira de sus labios son tan tuyos como quieres creer. Ojo, no es un beso malo. El beso no te miente realmente, porque te avisa que va a hacerlo. Pero son los engaños que necesitas oír porque la verdad de golpe no te iba a gustar. Realmente es un maquillaje. Un arreglo para algo que no tiene solución, pero que no te puedes permitir no intentarlo.

Lluvia. A eso suena. No es una melodía. No entiende de ritmo ni armonía. Pero tampoco es ruido. Es un sonido que está de fondo y aunque parece ser siempre igual, nunca lo es.

¿Alguna vez has intentado oír una gota caer en medio de una tormenta?

Eso ocurre con la nostalgia. No sabes si es la gota o la tromba entera. No importa las ganas que le pongas, no vas a poder distinguir cuál de todas esas cosas es la que está martilleando tu cabeza ni cuál lo hará a continuación. Tampoco puedes predecir si ahora va a sonar más fuerte o si por el contrario va a parar de repente. Es una fuerza que no puedes controlar por mucho que lo intentes. Lo que sí puedes distinguir es dónde cae. Puede caer sobre un charco de agua, llueve sobre mojado dice la canción. Pero para cuando oigas eso ya te estarás ahogando.

También puede caer sobre el suelo desnudo. Y, cuando embelesado por el petricor que desprende la tierra te acerques a tocarla, descubrirás qué se siente cuando acaricias la nostalgia.

Se trata de un tacto frío y húmedo. Si juegas mucho con ella te calará hasta lo más adentro. Pero, si le dedicas la atención necesaria quizá llegue a sentirse cálida, o por lo menos un poco menos fría. Es una lucha entre la tierra y tú, ganar, es sólo un resultado.

También es moldeable. Puedes jugar con ella entre tus dedos, hacer infinidad de figuras y objetos. Pero ten cuidado, no te encariñes con esas formas, nunca duran mucho.

A estas alturas te estarás preguntando por su aspecto. La forma de ese sentimiento que todo lo traga si te despistas. No tienes más que esperar a uno de esos días apagados, en los que parece que el sol ha salido para nadie. Si prestas atención seguro que te llega alguno. Pues bien, cuando eso ocurra, si quieres ver la auténtica figura de la nostalgia no tienes más que ir al espejo.

Pero no mires de frente. Nunca la mires de frente. Tienes que hacerlo por el rabillo del ojo. Verás un destello y una sombra. Al principio creerás que es la chispa que has visto. Que es esa luz que da sentido a la sombra que la rodea. Pero es una trampa. Como si de un depredador abisal se tratara, no es la luz, si no el monstruo que está detrás. Juega contigo para que te acerques y en el momento menos pensado serás su presa. Por eso aparta la vista rápido y sin que se dé cuenta de que la buscabas.

Es tentador dejarse llevar. Bailar de su mano, correr a su lado hasta perderte o dejar que te cante al oído. Pero al final va a acabar igual, es cuestión de tiempo. Tontear con ella un rato parece divertido hasta que quedas cautivo de su trampa fatal. Y créeme, luego sólo querrás escapar.

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