Amanecer

   Hay veces en que parece que el mundo se te viene encima. Te sientes tan falto de fuerzas y voluntad que todo te pesa y el más pequeño de los problemas se vuelve toda una odisea. Que cuando quedas con tus amigos te sientes aún más solo y aislado de todo y te sumes en un profundo estado de melancolía y auto-compasión. Te sientes perdido y desconcertado, como si la vida fuese una película proyectada a tu alrededor y tú sólo la observases, moviéndote junto a ella por instinto y costumbre. No sabes qué haces ahí, a dónde vas ni por qué.

   Cuando te das cuenta de que has llegado a ese punto comienza la verdadera tortura, porque sabes que quieres salir de ese pozo negro que te va tragando cada vez más adentro. Tu alma anhela perder esa desazón y volver a sentirse como antes, pero no sabes como. Ni siquiera sabes en qué momento comenzaste a sentirte así, busca alguna causa puntual y no la hallas, y te preguntas que es lo que ha pasado. Entre tanto, notas como el pecho se te acongoja cada vez más, oprimiendo tu respiración, angustiándote más día tras día. Al final te has convertido en un observador pasivo de tu propio mal, como si estuvieras en lo alto de una montaña viendo como te ahogas y gritas y pataleas, intentando que tu otro yo reaccione antes de que el agua lo trague, pero estás demasiado lejos como para poder hacer nada y te desesperas.

   Te agarras como a un clavo ardiente a cualquier persona que pasa por tu vida, todas esas nuevas amistades que tan pronto como surgieron desaparecen, esos intentos de pareja que han sido cada uno más desastroso (y doloroso) que el anterior; esperando que alguien pueda ayudarte a salir de ahí, pero más que ayudar lo que hacen es ponerte un pie en la cabeza y sumergirte un poquito más cada vez.

   Pero no sufras, porque aunque suene a frase estúpida de libro de autoayuda para recién divorciadas, todo eso se pasa. No te estás ahogando en medio del océano, sino dentro de ti, de tus miedos y tus dudas. El estado en el que te encuentras es como la crisálida de la mariposa, se trata de un momento de crisis en el que todo está oscuro a tu alrededor, pero es un paso necesario. Para poder salir de ese capullo de sombras como una mariposa primero tienes que olvidar como ser oruga, es tiempo de dejar atrás personas, situaciones y todo aquello que no está en sintonía con aquello que quieres llegar a ser, para poder liberarte. Coge una guadaña y corta todos los tallos de negatividad a tu alrededor, preparando así el terreno para que nada te distraiga cuando tengas que echar a volar.

   Y recuerda, tras la noche más oscura llega siempre el amanecer más brillante.

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