Soplaba el viento a favor impulsando mi pequeña embarcación. «Esta es la última» le decía en voz baja a los tablones desvencijados de la superficie mientras aseguraba la vela con un par de nudos más. Sonreí pensando en qué me depararía este viaje, hasta dónde llegaría esta vez o qué nuevos destinos me aguardaban.
El Mar de las Preguntas parecía en calma. Sí sí, existe un mar en el que están todas las preguntas que se han hecho y jamás se harán. Hace tanto tiempo desde la última vez que me anime a surcarloque apenas recuerdo cómo fue la última expedición, aunque las cicatrices se aseguran de que no me olvide del todo. Un escalofrío recorrió mi espalda en ese instante pero no iba a echarme atrás, al final es verdad que por mal que lo pase acabo volviendo. Somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra dicen, ¿dos? me parecen demasiado pocas para lo que tardamos en conocer la realidad que el mundo nos ofrece.
Y en parte es porque tenemos esa idea, vaga y absurda, de que la naturaleza, el destino y los dioses poseen algún tipo de bondad hacia nosotros. Y no, para ellos somos como las hormigas. Por muy bien que quieras tratarlas es inevitable que acabes pisando alguna, que no las veas cuando vas corriendo por la hierba. Mucho menos que puedas identificarlas y conocer cuáles son los anhelos y sueños de cada una de ellas.
Una salpicadura en la cara me devuelve a la realidad. Un par de letras sueltas que han dejado alguna palabra incompleta flotando por ahí. Quién sabe si serían importantes para alguien, si habrá cambiado la vida de alguna persona o si sólo formaban parte de alguna idea superficial.
Estaba un poco nervioso y miraba la brújula cada poco tiempo para asegurarme que seguía el rumbo correcto, ya que las aguas por las que navegaba podían ser traiciones. Una corriente de dudas me arrastraría hasta encallar en alguna bahía vacía y solitaria. Los quizás, que en pueden ser faros en la noche, habían acabado por cegar a más de un marinero despistado. Los porqués tenían lechos escarpados y amenazaban con abrir la carena en dos…
Por no hablar de las terribles criaturas que habitaban esas aguas. Sirenas hechas de engaños, calamares gigantes que te ciegan con tinta de desesperanza y tiburones con dientes hechos de las verdades que no queremos conocer y que más daño nos hacen.
Todo iba bien cuando el cielo de repente cambió. Las nubes pasaron de ser pequeños trozos de algodón a volverse una cargazón gris. La madera del barco empezó a crujir conforme la marea iba revolviéndose cada vez más. Por suerte, el oleaje se mantenía a raya así que podría salir airoso con un poco de esfuerzo.
Repasé todos los nudos y ajusté el rumbo hacia la playa más cercana. «Sólo un poco más» pensé cuando ya se veía a lo lejos un islote.
¡Broooooooom!
¡Zap!
Crac
Whoooosh
Truenos que anunciaban lo peor.
El rayó que cayó en mitad del barco.
Las tablas de madera partiéndose en tantos trozos como burbujas tiene el mar.
El agua filtrándose.
Estaba perdido. Me costaba respirar mientras las interrogaciones que flotaban en el agua iban acercándose a mi cuello. Para cuando quise tratar de llegar a nado hasta la orilla miles de cuándos, cómos, dóndes, quiénes y por qués se habían interpuesto en mi camino. Seguí intentándolo, nadé con todas mis fuerzas, luchando contra el miedo, contra el mismísimo océano que trataba de engullirme sin siquiera masticar.
No sabría decir cuánto tiempo fue: en realidad estaría a minutos, me habían parecido horas, las había sufrido como meses y mis músculos habían envejecido años, pero lo había conseguido. Podía notar la arena entre los dedos de mis pies.
Una sonrisa más se dibujó en mi cara, me había salvado. Me incorporé para salir cuando empecé a toser. Me costaba respirar incluso más que antes y el aire que se me escapaba parecía no volver.
Caí al agua sin poder moverme o gritar para pedir auxilio. Sólo podía oír el mar que bramaba con furia, no iba a dejarme escapar. Había tragado mucha agua, tanta que mis pulmones estaban anegados en remordimientos. Y es que son las palabras que nunca dije, las preguntas que no hice, las respuestas que no di, las que terminaron por ahogarme.