Vámonos

   Vámonos, no sé de que sirve seguir aquí donde todos los días se tiñen de gris y la monotonía es la melodía de moda. Vivimos, sí, en una falsa promesa de tranquilidad, pensando así que estamos a salvo de los peligros que nos acechan, cuando en realidad, el mayor de nuestros enemigos es ese mismo miedo a no arriesgarse y ver que hay ahí fuera.

   Estamos caminando y no nos paramos a oler las flores, sino que seguimos de largo queriendo llegar a algún sitio al que ni siquiera pertenecemos, pero la simple idea de que no sea así nos desespera y le roba toda la energía a nuestro corazón. ¿Por qué? Pues porque pensamos que lo bueno está siempre por llegar y que el hoy no es más que un paso absurdo y aburrido, sin darnos cuenta que el tiempo no es nuestro amigo, más bien un contrincante veloz que nos reta a una carrera.

   No obstante no todo está perdido, hay un truco con el que engañar al reloj de arena y convertir la pequeña competición en una gran maratón: el amor. Cuando estás enamorado los segundos se vuelven días y las horas, semanas, hasta que vuelves a ver esa tímida sonrisa que ilumina tus días. Entonces, llega ese glorioso momento en que fugazmente la ves, los latidos de tu corazón pasan de ser toscos y rutinarios a convertirse en el refinado sonido de un tambor de orquesta. Sientes como todo tu ser abandona su envoltorio físico y te fallan los músculos, al tiempo que cada una de las fibras que componen tu cuerpo alcanza un estado de estasis total y tú, de forma refleja e involuntaria esbozas una mueca ridícula, como si quisieras sonreír con todo tu cuerpo a la vez.

   De esta manera logras meter toda la eternidad en un pequeño instante, haciendo que todo aquello que pudo haber sido y jamás será se enfrasque en un momento abrumador, desafiando las leyes del tiempo y el espacio.

   Es por esto que te lo pido, por favor:

   Vámonos. Vayamos allí donde el horizonte se acaba, donde no sabemos si saldrá el Sol o si veremos las estrellas. A cualquier lugar donde nos lleven el viento y las mareas y la Luna nos acompañe, testigo de nuestro desafío. Porque si estamos juntos no podemos perdernos, porque mi hogar estará en ti, y el propio camino será nuestro destino, nuestro pequeño frasco de eternidad.

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