Sólo una burbuja

Una burbuja puede cambiarte el día. Sí sí, una sola burbuja. Estás tirado en el sofá y no te das cuenta de que llevas toda el día esperando verla hasta que la tienes delante. No importa que sea grande o pequeña, sólo que esté. Bueno, que esté y que sea suya.

Porque seamos honestos, podrías tener decenas, incluso cientos de ellas esperando a que les dediques un poco de atención antes de desaparecer, pero no significan tanto. Estás ansioso y te entretienes con cualquier cosa una tarde de sábado como otra cualquiera pero no dejas de pensar en cuando la verás o si llegará en algún momento. Incluso te sientes un poco idiota por dejar que algo tan simple pueda tenerte en ese estado, pero eso no hace más que alimentar los nervios que tenías.

«Brr… brr» retumba en la mesa. Ves cómo parpadea esa pequeña luz en una esquina y de repente el corazón se para un instante que te parece eterno. Un instante en el que piensas si será lo que estabas esperando o cómo será o incluso qué vas a hacer tú a continuación. Respiras y vas corriendo a revisar la pantalla de tu móvil. La enciendes y ahí está, perfecta como esperabas. Ves la notificación flotar en tu pantalla como una burbuja recién soplada por un niño y sientes que un nudo en el estómago que ni sabías que tenías se deshace al tiempo que esa sonrisa bobalicona que pones cuando lo ves domina tu cara. Quieres que esa sensación dure el mayor tiempo posible y resistes la tentación de abrirla inmediatamente porque luego se desvanecerá y vuelta a empezar.

Todo por una sola burbuja.

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